Recientemente el secretario técnico del Consejo de Seguridad Nacional y del gabinete de Seguridad (¿huh?) publicó que durante el sexenio del Invidente, es decir, Presidente Felipe Calderón, suman ya más de 34 mil muertes las relacionadas con el crimen organizado. En búsqueda de su sistematización, se han creado tres categorías para clasificar los homicidios: ejecuciones, enfrentamientos y agresiones. Y dado que la degollación se ha convertido en una de las actividades predilectas entre los agentes coercitivos (es decir, los s...rios, los mat...s), el gobierno mexicano ha optado por relajar los ánimos con un regalito doméstico. Así como en el mes de la patria todos los ciudadanos se sorprendieron al descubrir en su buzón una bandera para gritar ¡Viva México Changos Chilangos!, los timbres sonaran para anunciar la llegada del Galletero Federal.
Razones no faltan: la depresión post Bicentenarium (la factura de 700 millones por conmemoraciones debe tener efectos devastadores), la bienvenida a la nueva década, los incontables encabezados de decapitados (hmmm, ¡humor fino!) que a grito de guerra anuncian "¡Once personas decapitadas en terrenos de Chichi Suárez!", "¡Aparecen cinco mutilados en Montemorelos!" o "¡Hallan dos decapitados y colgados de un puente en Acapulco!".
La ocasión no ha podido ser mejor. Un elemento decorativo que además sirva como recordatorio de la efectiva guerra, perdón, "batalla contra el mal" (porque es guerra hasta que se le nombre, ojo), a la que el ejecutivo federal ha decido enfrentarse encarecidamente. Encima, se ha incluido un dispositivo electrónico -que se activa cada que uno remueve la cabecita- que emite el narcomensaje de su preferencia. Incluye seis predefinidos (i.e., "salgan a toparse, no anden culeando putos" o "¡Fierro! Sigues tu perro") pero permite personalizarlo con cualquier ocurrencia.

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