changos chILangos
viernes, 18 de febrero de 2011
viernes, 21 de enero de 2011
Estrategias Simiescas
Recientemente el secretario técnico del Consejo de Seguridad Nacional y del gabinete de Seguridad (¿huh?) publicó que durante el sexenio del Invidente, es decir, Presidente Felipe Calderón, suman ya más de 34 mil muertes las relacionadas con el crimen organizado. En búsqueda de su sistematización, se han creado tres categorías para clasificar los homicidios: ejecuciones, enfrentamientos y agresiones. Y dado que la degollación se ha convertido en una de las actividades predilectas entre los agentes coercitivos (es decir, los s...rios, los mat...s), el gobierno mexicano ha optado por relajar los ánimos con un regalito doméstico. Así como en el mes de la patria todos los ciudadanos se sorprendieron al descubrir en su buzón una bandera para gritar ¡Viva México Changos Chilangos!, los timbres sonaran para anunciar la llegada del Galletero Federal.
Razones no faltan: la depresión post Bicentenarium (la factura de 700 millones por conmemoraciones debe tener efectos devastadores), la bienvenida a la nueva década, los incontables encabezados de decapitados (hmmm, ¡humor fino!) que a grito de guerra anuncian "¡Once personas decapitadas en terrenos de Chichi Suárez!", "¡Aparecen cinco mutilados en Montemorelos!" o "¡Hallan dos decapitados y colgados de un puente en Acapulco!".
La ocasión no ha podido ser mejor. Un elemento decorativo que además sirva como recordatorio de la efectiva guerra, perdón, "batalla contra el mal" (porque es guerra hasta que se le nombre, ojo), a la que el ejecutivo federal ha decido enfrentarse encarecidamente. Encima, se ha incluido un dispositivo electrónico -que se activa cada que uno remueve la cabecita- que emite el narcomensaje de su preferencia. Incluye seis predefinidos (i.e., "salgan a toparse, no anden culeando putos" o "¡Fierro! Sigues tu perro") pero permite personalizarlo con cualquier ocurrencia.
Razones no faltan: la depresión post Bicentenarium (la factura de 700 millones por conmemoraciones debe tener efectos devastadores), la bienvenida a la nueva década, los incontables encabezados de decapitados (hmmm, ¡humor fino!) que a grito de guerra anuncian "¡Once personas decapitadas en terrenos de Chichi Suárez!", "¡Aparecen cinco mutilados en Montemorelos!" o "¡Hallan dos decapitados y colgados de un puente en Acapulco!".
La ocasión no ha podido ser mejor. Un elemento decorativo que además sirva como recordatorio de la efectiva guerra, perdón, "batalla contra el mal" (porque es guerra hasta que se le nombre, ojo), a la que el ejecutivo federal ha decido enfrentarse encarecidamente. Encima, se ha incluido un dispositivo electrónico -que se activa cada que uno remueve la cabecita- que emite el narcomensaje de su preferencia. Incluye seis predefinidos (i.e., "salgan a toparse, no anden culeando putos" o "¡Fierro! Sigues tu perro") pero permite personalizarlo con cualquier ocurrencia.
lunes, 10 de enero de 2011
Bienvenida al DosmilOnce
Hoy varios diarios del país publicaron en sus respectivas editoriales un llamado a la sociedad civil para hacer un paro a la violencia. La editorial del diario La Jornada cerró de la siguiente manera: "Por su propia supervivencia, la sociedad tiene ante sí el deber de dirigirse a las autoridades para que éstas rectifiquen y empiecen a adoptar acciones concretas para poner un alto al baño de sangre en curso." Changos Chilangos (y el que se quiera sacudir el título que arroje la piedrita) este no es un movimiento, no intento evangelizar o instalar una idea al estilo Chris Nolan. El operador de este blog persigue y perseguirá siempre una única y simple necesidad: compartir una postura. La emoción de ver publicado un punto de vista mío - aunque sean cuatro personas las que lleguen al punto final de mis entradas- es suficiente para renovar las motivaciones que tienen de pie a este blog.
Luego de un ejercicio reflexivo por aquello del nuevo año, caigo en la conclusión de que mi estrategia para hacer algo por este país que amo y odio profundamente es muy sencilla: la risa. Podrá atribuírseme falsa modestia de parte de aquellos que encuentren pretencioso este espacio; sin embargo, estoy más cerca de un desaliento por la sociedad en la que vivo que de un intento por querer cambiar una cultura tan espinosa como la mexicana. He caído en un escepticismo tal que sólo creo en la ironía. La ironía como remedio a la depresión y como única alternativa para evitar la metamorfosis total en un macaco mexicano rabioso y desahuciado. Vivimos en una ciudad enfurecida, con mechas desesperadas por encontrar la chispa que las encienda. ¿Insensato? ¿idiota? ¿brillante? Ni sé, pero creo en el humor y estoy seguro que todavía puedo encontrar la comedia suficiente para arrugar algunos rostros hieráticos hasta sacarles una risilla satisfactoria.
A mi(s) simiesco(s) lector(es): si escojo bien mis palabras y apunto la cámara con destreza, habrá sonrisas o carcajadas disponibl(es). Buen año macacos, se viene un 2011 de pesadilla.
El Tesler.
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